Microcréditos digitales: la nueva generación de finanzas inclusivas que llega a 1.000 millones de personas
Las plataformas digitales de microcréditos ya han distribuido 48.000 millones de dólares, con una tasa de impago comparable a la de la banca tradicional. La tecnología de análisis alternativo de crédito está llevando el acceso financiero a poblaciones que nunca antes habían tenido una cuenta bancaria.
El microcrédito, un modelo de finanzas inclusivas popularizado hace décadas por el economista y premio Nobel Muhammad Yunus a través del banco Grameen en Bangladés, ha experimentado una segunda revolución de la mano de la tecnología digital, que ha permitido escalar este modelo desde comunidades locales muy concretas hasta alcanzar a mil millones de personas en todo el mundo. Las plataformas de microcréditos digitales han distribuido ya 48.000 millones de dólares en préstamos durante el último ejercicio, con un crecimiento anual del 27%, una velocidad de expansión que refleja hasta qué punto la digitalización ha resuelto varios de los obstáculos que tradicionalmente limitaban el alcance del microcrédito en su versión original, más dependiente de la presencia física de oficinas y agentes de crédito sobre el terreno.
El número de adultos sin acceso a servicios bancarios formales a nivel mundial se ha reducido de 1.700 millones en 2017 a 1.400 millones en la actualidad, una mejora sustancial en la que los microcréditos digitales han jugado un papel relevante, aunque no exclusivo, junto a otras innovaciones de inclusión financiera como los pagos móviles que ya hemos analizado en otro artículo de esta web dedicado a la digitalización de la economía informal.
La tecnología que sustituye al historial bancario tradicional
El elemento verdaderamente innovador de los microcréditos digitales no es simplemente la posibilidad de solicitar un préstamo desde el teléfono móvil, sino la tecnología de análisis crediticio alternativo que utilizan estas plataformas para evaluar la solvencia de solicitantes que carecen por completo de historial bancario tradicional, un requisito que en el modelo de banca convencional resulta prácticamente indispensable para acceder a cualquier tipo de crédito formal. En lugar de depender de ese historial inexistente, estas plataformas analizan patrones de uso del teléfono móvil, el historial de pago de facturas de servicios básicos, la actividad en redes sociales, y el comportamiento de pagos móviles del solicitante para construir una evaluación de solvencia alternativa.
El fundador de una fintech especializada en microfinanzas explicaba recientemente que no resulta necesario disponer de cinco años de historial bancario para evaluar un préstamo de apenas 50 dólares, ya que los datos del teléfono móvil revelan el comportamiento financiero real de una persona con una precisión, en muchos casos, superior a la que ofrecen los informes crediticios tradicionales basados exclusivamente en el historial de préstamos bancarios formales previos, que por definición excluyen a cualquier persona que nunca haya tenido acceso a ese sistema bancario convencional en primer lugar.
Esta aproximación resuelve un problema estructural que durante décadas ha limitado el acceso al crédito formal de las poblaciones de menor renta en economías emergentes: el problema circular por el cual una persona necesita historial crediticio para acceder a crédito, pero no puede generar ese historial precisamente porque nunca ha tenido acceso a un producto crediticio formal en primer lugar, un círculo vicioso que la tecnología de análisis alternativo de datos ha logrado romper de forma efectiva en numerosos mercados emergentes.
Casos de éxito que desafían las suposiciones tradicionales
Empresas como Tala, Branch, M-Shwari y Kreditech se han consolidado como referencias del sector, habiendo distribuido conjuntamente buena parte de esos 48.000 millones de dólares en microcréditos con una tasa de impago del 4,2%, una cifra comparable a la que registra la banca tradicional en economías desarrolladas, lo que desafía directamente la suposición largamente asumida de que prestar dinero a poblaciones de bajos ingresos en economías emergentes conlleva necesariamente un riesgo de impago desproporcionadamente elevado.
Esta tasa de impago relativamente contenida se explica, en parte, por la propia naturaleza de los microcréditos: al tratarse de cantidades relativamente pequeñas, destinadas frecuentemente a necesidades muy concretas como capital de trabajo para un pequeño negocio, gastos médicos imprevistos o la compra de suministros agrícolas, los prestatarios suelen tener un incentivo muy directo y tangible para devolver el préstamo, ya que su capacidad de acceder a financiación futura —a menudo esencial para la continuidad de su actividad económica— depende directamente de mantener un buen historial de pago con la plataforma.
El caso de M-Pesa y el ecosistema de pagos móviles en África
El desarrollo de los microcréditos digitales en África subsahariana no puede entenderse sin la infraestructura de pagos móviles previamente construida en la región, con M-Pesa como ejemplo pionero y más citado a nivel mundial. La existencia de un sistema de pagos móviles ya consolidado y ampliamente adoptado por la población, incluso en zonas rurales sin acceso a sucursales bancarias físicas, ha proporcionado la infraestructura tecnológica y de datos sobre la que se han construido posteriormente los servicios de microcrédito digital, generando un ecosistema de finanzas digitales integrado que resulta difícil de replicar en mercados donde no existe una base previa de pagos móviles igualmente extendida entre la población.
Esta relación de dependencia entre infraestructura de pagos móviles y microcréditos digitales explica, en gran medida, por qué determinados mercados de África oriental se han convertido en pioneros mundiales en la adopción de finanzas digitales inclusivas, mientras que otras regiones con niveles de renta comparables pero sin una infraestructura de pagos móviles igualmente desarrollada muestran un ritmo de adopción considerablemente más lento de este tipo de servicios financieros digitales. Países como India, con su propia infraestructura de pagos digitales masiva construida en gran parte por iniciativa gubernamental, e Indonesia, con un ecosistema de superapps financieras en rápida expansión, están replicando en cierta medida este mismo patrón de desarrollo, adaptado a sus propias particularidades regulatorias y de mercado.
Los riesgos que preocupan a reguladores y analistas
Pese a los indudables beneficios de inclusión financiera que ofrecen los microcréditos digitales, el sector enfrenta preocupaciones legítimas que reguladores y analistas están siguiendo de cerca. La primera es el riesgo de sobreendeudamiento derivado de la posibilidad de acceder simultáneamente a varias plataformas de microcréditos digitales, una situación que puede llevar a determinados prestatarios a acumular varios préstamos pequeños de distintas plataformas sin que ninguna de ellas tenga visibilidad completa sobre el nivel total de endeudamiento real de esa persona en el conjunto del sistema, un riesgo que en la banca tradicional se mitiga parcialmente mediante centrales de información crediticia compartidas entre entidades.
La segunda preocupación relevante es el tipo de interés efectivo que cobran algunas de estas plataformas, que en determinados casos supera al de la banca tradicional pese al discurso de inclusión financiera que acompaña a este tipo de productos, una circunstancia que ha generado un debate considerable sobre si el coste real del microcrédito digital para el prestatario final resulta proporcional al riesgo asumido por la plataforma, o si en algunos casos se está trasladando un coste excesivo precisamente a la población más vulnerable, que dispone de menos alternativas de financiación y, por tanto, menor capacidad de negociación frente a las condiciones ofrecidas.
Ante estas preocupaciones, numerosos reguladores en economías emergentes están desarrollando marcos normativos específicos para este sector, buscando un equilibrio entre preservar los beneficios de inclusión financiera que ofrece esta tecnología y proteger a los usuarios más vulnerables frente a prácticas de préstamo potencialmente abusivas, un desafío regulatorio que resulta particularmente complejo dado el carácter transfronterizo y digital de muchas de estas plataformas, que operan con frecuencia en múltiples países simultáneamente bajo marcos legales distintos, lo que dificulta una supervisión coordinada y homogénea comparable a la que existe para la banca tradicional dentro de una única jurisdicción nacional.
El futuro de las finanzas inclusivas digitales
La trayectoria de crecimiento sostenido de los microcréditos digitales, combinada con la mejora continua de las técnicas de análisis alternativo de crédito mediante inteligencia artificial, sugiere que este sector seguirá expandiendo su alcance durante los próximos años, acercando el acceso al crédito formal a una proporción cada vez mayor de los 1.400 millones de adultos que todavía carecen de acceso a servicios bancarios tradicionales en todo el mundo. El reto pendiente para el sector será hacerlo de una forma que proteja adecuadamente a los usuarios más vulnerables, sin que la búsqueda de rentabilidad por parte de las plataformas termine reproduciendo, en formato digital, los mismos problemas de sobreendeudamiento y coste excesivo que históricamente han afectado a ciertas formas de crédito informal en economías en desarrollo.
El impacto económico agregado sobre las economías emergentes
Más allá del beneficio directo para cada prestatario individual, el acceso masivo al microcrédito digital tiene efectos agregados relevantes sobre el desarrollo económico de las regiones donde se implementa. Numerosos estudios sobre microfinanzas han documentado que el acceso a pequeñas cantidades de capital permite a emprendedores informales formalizar y expandir negocios que de otro modo habrían permanecido estancados por falta de liquidez para comprar inventario, herramientas o materias primas en cantidades que generen economías de escala mínimas.
Este efecto multiplicador resulta especialmente relevante en economías con un sector informal de gran tamaño, donde una proporción considerable de la actividad económica se desarrolla al margen del sistema financiero formal, un fenómeno que ya hemos analizado con detalle en otro artículo de esta web dedicado a la digitalización de la economía informal. El microcrédito digital actúa, en cierto sentido, como puerta de entrada hacia una mayor formalización económica, ya que el propio historial de pagos generado a través de la plataforma digital puede convertirse, con el tiempo, en la base de un historial crediticio más amplio que eventualmente permita a ese mismo prestatario acceder a productos financieros más sofisticados ofrecidos por la banca tradicional.
La entrada de grandes inversores institucionales en el sector
El crecimiento sostenido del 27% anual que registra este mercado no ha pasado desapercibido para los grandes inversores institucionales, que han comenzado a destinar un volumen creciente de capital hacia fondos especializados en financiar estas plataformas de microcrédito digital, atraídos tanto por el potencial de rentabilidad del sector como por la posibilidad de cumplir objetivos de inversión de impacto social, una categoría de inversión que ha ganado peso considerable entre gestores de fondos institucionales durante los últimos años. Esta afluencia de capital institucional está permitiendo a las plataformas líderes del sector escalar su operación hacia nuevos mercados geográficos con mayor rapidez de la que habrían podido lograr dependiendo únicamente de capital de riesgo tradicional o de financiación de organismos multilaterales de desarrollo.
Preguntas frecuentes
¿Cómo evalúan la solvencia los microcréditos digitales sin historial bancario?
Analizan datos alternativos como el uso del teléfono móvil, el historial de pago de facturas de servicios básicos, la actividad en redes sociales y el comportamiento de pagos móviles del solicitante.
¿Son los microcréditos digitales más arriesgados que los préstamos bancarios tradicionales?
Los datos disponibles muestran una tasa de impago del 4,2%, comparable a la de la banca tradicional en economías desarrolladas, lo que desafía la suposición de que suponen un riesgo desproporcionadamente mayor.
¿Qué papel juega M-Pesa en el desarrollo de los microcréditos digitales?
La infraestructura de pagos móviles de M-Pesa en África oriental ha proporcionado la base tecnológica y de datos sobre la que se han construido muchos servicios de microcrédito digital en la región.
¿Qué riesgos existen para quien solicita un microcrédito digital?
El sobreendeudamiento por acceder a varias plataformas simultáneamente y tipos de interés efectivos que en ocasiones superan a los de la banca tradicional. Este artículo tiene una finalidad informativa y no constituye asesoramiento financiero personalizado.
¿Puede el microcrédito digital ayudar a formalizar negocios informales?
Sí, al proporcionar capital de trabajo y generar un historial de pagos que puede servir de base para acceder posteriormente a productos financieros más sofisticados de la banca tradicional.
Fuentes
CGAP (World Bank Group) — Transforming lives with financial inclusion